Del Préstamo Landín, María Teresa: “Juan Alfonso de Baena y los poetas de su tiempo en las novelas populares de Manuel Fernández y González”.

Del Préstamo Landín, María Teresa, “Juan Alfonso de Baena y los poetas de su tiempo en las novelas populares de Manuel Fernández y González“, en Montserrat Ribao Pereira, ed.,  La reescritura decimonónica de los Trastámara castellanos y su corte, monográfico de Lectura y Signo, 12, 2017, pp. 239-254.

A comienzos de la década de los 50, Manuel Fernández y González publica El condestable Don Álvaro de Luna (1851) y Don Juan el Segundo o el bufón del rey (1853). En ambas historias recrea la corte literaria de Juan II, en la que se entremezclan Juan Alfonso de Baena, Juan de Mena, Jorge Manrique y Rodrigo Cota, cuya presencia resulta  determinante para las diferentes intrigas que se gestan contra Luna. En este trabajo abordo la función de los poetas de la corte del rey Juan y, en particular, Juan Alfonso de Baena,  en ambas novelas.

Ribao Pereira, Montserrat: “¿Y si el corazón miente? Los (falsos) poetas cortesanos de Juan II de Castilla vistos por los románticos”

Ribao Pereira, Montserrat, “¿Y si el corazón miente? Los (falsos) poetas cortesanos de Juan II de Castilla vistos por los románticos”, en A. Cancellier et al., eds., El corazón es centro. Narraciones, representaciones y metáforas del corazón en el mundo hispánico, Padua, CLEUP, 2017, pp. 385-400.

En apenas tres años, de 1838 a 1840, es decir, en los últimos de la primera guerra carlista, se publican y representan en Valencia, Valladolid y Madrid tres dramas diferentes ambientados en la corte castellana de Juan II. En todos ellos se da cuenta de las circunstancias que conducen a don Álvaro al patíbulo y los tres rematan con su ejecución en Valladolid, en junio de 1453. Si bien son diversas las razones ficticias que, con la historia de fondo, cada uno orquesta para dar cuerpo al conflicto dramático, coinciden los tres títulos en otorgar un relevante protagonismo a la poesía, a las justas y las celebraciones que ―en el imaginario romántico― adornan ese tiempo en paralelo a la compleja situación política del mismo. Como corresponde al ambiente cortesano que se recrea, no falta escena en la que Santillana, Mena, don Álvaro o el propio rey Juan alcen su voz para recitar versos alusivos, metafóricos o simbólicos, de la tragedia hacia la que deriva la obra. Se trata de falsos poemas que, en realidad, ocultan el rostro hipócrita de la política del cuatrocientos que es para los dramaturgos del XIX, en definitiva, la de la convulsión que vive España en plena guerra civil.